lunes, 22 de junio de 2009

Así como el agua da la vida




Mientras me ducho hecha un ovillo en el suelo de la ducha, cayéndome el agua por la espalda con la huella de tus manos todavía en mi piel, regalándome en las últimas horas pasadas contigo, imagino que cada gota es un beso tuyo, un beso de agua.

Abro las piernas para calmar el dolor del deseo y sentir esa lengua de agua mezclándose con los flujos de un orgasmo. Arqueando la espalda en un espasmo, cayendo en el charco y salpicando las paredes de esencia de sexo.

No ha pasado ni una hora y ya te deseo.

Ha sido el mejor ritual de solsticio de verano.