
Me desperté sofocada con la boca de par en par, intentando absorber todo el aire del mundo para bajar la temperatura de mi cuerpo.
Sentada en tu cama, oyéndote respirar en la oscuridad con los ojos terrosos por el sueño siento tu cuerpo ocupando la suavidad de las sábanas casi en diagonal, intentando alcanzar mi espalda. Me hielo así sentada con los pies en el suelo y vuelvo a tí bajo una lánguida súplica desde el mundo de tus sueños.
Y me muestras con descaro lo mucho que te desean, lo poco que me necesitas y cuánto voy a disfrutar cuando llegue mi turno.
Cómo me gusta que me fustigues con el látigo de tu indiferencia después de un día del mejor sexo.
Dame un poco de tí para calmarme M...
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada