viernes, 18 de diciembre de 2009

Super Sex


Por la calle escuchando Part IV, el nuevo álbum de Archive, siguiendo el ritmo al caminar me doy cuenta de que con las botas y los pantalones de montar más bien estoy desfilando como un militar que como una mujer. Si al menos me hubiese acordado de pintarme...

Me pregunto cuánto debe hacer que nadie me mira con deseo sino es en una cita expresa o que simplemente intente llamar mi atención, años tal vez. Me apetece que me coman con la mirada con descaro, que un veinteañero me diga que le gustan mis zapatos y luego me pida el teléfono como antes pasaba.

Aflojo el paso, contorneo un poco las caderas y al entrar en el supermercado veo cómo las marujitas visten como sus madres tantas veces criticadas y me observan con severidad.

Recorro todas las etiquetas con tranquilidad intentando averiguar qué me apetece cenar, inventando un plato con cada ingrediente para no caer en la monotonía, pero me apetecen tantas cosas que se me hace difícil elegir.

Y en cada pasillo me cruzo con Él.

No puedo remediar pensar que no es casualidad, que me sigue, por favor si parezco una vieja obsesionada...

Me acerco a la caja con el menú completo, deslizándose por la cinta hasta la mirada tediosa de la cajera. Y mientras embolso para marcharme Él espera con una mirada intensa y divertida.

Miro a mi lado para saber quién corre la suerte de disfrutar de su compañía y al volverme, niega con la cabeza y me señala a mí.

Con las manos ocupadas por el peso a ambos lados del cuerpo, me acerco pícara muy muy cerca hasta sentir su respiración en mis labios. No me había fijado lo alto que es, su preciosa cara, su pelo rubio, sus ojos azules y llenos de deseo.

Me pregunta con quién compartiré esta cena tan rica que he comprado y si podría completarla con la suya, que su casa no queda lejos y le apetece cocinarlo para mí.

Y por supuesto le respondo que me apetecería servirlo sobre Él como vajilla, comerlo con los dedos y relamer el plato.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Veneno para las alas


Me desperté sofocada con la boca de par en par, intentando absorber todo el aire del mundo para bajar la temperatura de mi cuerpo.

Sentada en tu cama, oyéndote respirar en la oscuridad con los ojos terrosos por el sueño siento tu cuerpo ocupando la suavidad de las sábanas casi en diagonal, intentando alcanzar mi espalda. Me hielo así sentada con los pies en el suelo y vuelvo a tí bajo una lánguida súplica desde el mundo de tus sueños.

Y me muestras con descaro lo mucho que te desean, lo poco que me necesitas y cuánto voy a disfrutar cuando llegue mi turno.

Cómo me gusta que me fustigues con el látigo de tu indiferencia después de un día del mejor sexo.

Dame un poco de tí para calmarme M...

viernes, 11 de diciembre de 2009

Éntrame


Cuánto me gusta pescar, como a los gatos, con argucias e ingenios para hacer el juego más divertido.

Mientras cenamos observo tus movimientos con gusto, deseándote, intentando componer el rompecabezas de tu personalidad a sabiendas de que mucho de lo que oigo y veo, es un pequeño monólogo estudiado durante años para entrar en mí.

Pruébame, no te arrepentirás.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

De mapas y viajes


Mientras tú viajas, en mi piel se desvanece el mapa de tus caricias, el mapa de tus besos.

Como en Memento, escribo todo lo que voy recordando de tí para no olvidarme cuando me despierte, escribo todas estas palabras para que tú vayas hilvanando nuestra historia desde mí. Y aunque te llegan desconocidas, toda historia nueva en la que eres protagonista es increíblemente atractiva.

Noches en vela leyendo y releyendo cada rincón de mi piel una y otra y otra, que deja exhausto y sin deseo... sí ese hartor que deja lleno y vacío a la vez.
Olor, tacto, vista, olfato, gusto... todos los sentidos colapsados de mí.

Léeme en voz alta, grítamelo por favor - te pido - necesito imaginar cómo fue.

Y aún sin ganas lo haces. Y aún sin saber cómo se hinchan las ansias por leer mi historia.

Y me la cuentas,
y me la cantas,
y me la gritas,
y me la lloras.

Y me dices que te voy a matar un día - sonríes - pero que se hace delicioso.

Besos M.

sábado, 5 de diciembre de 2009

¿Puedo entrar?


Mis manos se deslizan por mi vientre hasta mi sexo, tanteando su calor y su humedad. El reloj me dice que son las cuatro de la mañana y tú estás totalmente dormido.

Te deseo, te deseo como una loca.

Debe ser un sueño caliente... mmm estás totalmente empalmado... qué gusto de polla.
De polla dura como la piedra que suavemente penetro dentro de mí casi sin darte cuenta, sin despertarte.

Dulce erección que aplaca mi sexo liquado, que tan sólo unas horas atrás follabas a horcajadas.

¿Qué debes estar soñando para estar tan empalmado? Allá voy... voy a entrar en tu mente, en tu sueño... quiero saber...aaahhh....

Te veo, borroso pero te veo, increible estoy dentro de tu sueño!

¿Eres tú? sí, sí lo eres, esa es tu espalda desnuda, esa es tu nuca. Estás sentado en medio de un local eres el centro de un corrillo de gente y delante tuyo una chica guapísima está bailándote.

Doy un rodeo hasta tenerte en frente, para poder apreciar tu precioso torso, tu sonrisa tentadora, tu abultadísimo pantalón.

De repente el escenario cambia para reaparecer en una cama con dosel en medio de una playa, rodeado de diosas. Me acerco sigilosamente, impaciente y nerviosa mientras me quito el vestido.
Has atado a la bailarina a la espalda de otra para tener los dos coñitos a tiro y mientras me pides que me las coma para hidratarlas, sacas un dildo enorme.

Todavía no has realizado que soy yo, en los sueños a veces no se aprecian las caras... pero sí los cuerpos.

Entras en una, penetras la otra - guarraaa!!! gritas - me encantan los culos redondos, merecen un castigo por ser tan golosos!.

El gran dildo entra en un culito, lo doblas y la otra punta entra en el otro... qué preciosidad.

Un tercer culito delante tuyo, goteando lubricante espera ser folladito, mientras me como esos coñitos preciosos. Coges mi cabello a modo de riendas, me penetras con fuerza y ...me miras alucinado sin entender cómo he entrado en tu sueño.

Y mientras te cabalgo, tu boca despierta diciendo mi nombre y tus ojos me miran todavía dormidos.

Pero ... estabas conmigo, en mi sueño, he soñado contigo - me dices.
Sí, tengo la llave para entrar en ellos y me gustaría que me lo pidieses alguna vez... jajaja... me encantan tus sueños!!

Sí, lléname de tu leche ahora, quiero sentir cómo bombeas.