miércoles 29 de septiembre de 2010

Hay amores que mueren. Historias que terminan. Rostros que jamás retornan.



Silenciosa, lenta, invisible, fue capaz de burlar la muerte del olvido hasta alcanzar una segunda madurez... y una tercera, y una cuarta, y así hasta un número de veces potencialmente infinito.
Fue un intento de imprimir en el hecho puramente natural parte de la lucha que supone negar la amnesia. Lucha heroica; heroica por infructuosa y que sobrevino en amablemente hostil.

No se puede encerrar
el sol bajo una campana
no se puede aplazar
la hora señalada.

No todos superamos el destierro de la desmemoria por un proceso de negación. La transformación de la esencia mortal de la memoria es un proceso nunca cerrado, nunca acabado y así Lyly B afirmó en ella un carácter creador generando una continua creación, y que cada elemento que desaparecía como tal, perviviese pero transformado en la fase siguiente. Obstinarse en, perseverar en, persistir en... terquedad por encima de todo y de todos.

Los relatos se enroscaron dentro de otros relatos para, finalmente, manifestarse una imagen similar a la de los espejos enfrentados: un pasillo infinito de pasiones. Y en medio, un teatrillo de papel donde, de nuevo, representar las vidas representadas. De ese modo todas sus formas existentes se manifestaron, de esa búsqueda incesante de la inmortalidad.

Y simplemente se dispuso a disfrutar de todo lo realizado.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay quienes nunca olvidamos Perla... esa puta memoria selectiva