
Lo había probado antes con discreción, quedándome corta tal vez porque después de preguntar pude comprobar que hay mucha más avidez de la que me esperaba. Jamás de los jamases hubiese cabido en mi imaginación llegar hasta allí, más aún por considerarlo fuera de mis limitaciones, pero llegó el día. Ese día fue toda una fiesta.
Y en medio de ella, pude comprobar que con él no tendría límites posibles, que podría llevarme lejos... increíblemente lejos.
Acostado en una sábana de latex negro, se abrió para mí pidiéndome que me pusiera un guante largo y rojo cubriéndome casi hasta la axila, con esa mirada negra profunda que no puedes decir que no. Arrodillada ante la cama vestida con mis botas altas con los brazos y mis manos rojos de latex brillante por el lubricante, empecé a acariciarlo.
El corazón salido del pecho, con la consciencia en otro lugar flotando fuera de mi cuerpo, como si estuviésemos viendonos desde arriba, ví mis manos entrar dentro de él, poco a poco al principio dilatando con cuidado. Guiándome hacia su alma.
Y su sexo precioso erecto demostrando su agradecimiento, empezó a palpitar, empezó a bombear cuando casi todo el latex rojo estuvo dentro...
Feliz Halloween Mr. M
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